| Por una Sociedad que no use Dinero |
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| Una Sociedad sin Dinero - Manifiesto |
| Escrito por Administrator |
| Lunes, 27 de Octubre de 2008 13:49 |
Una Sociedad de OpiniónArtículo con tema de discusión en el foro Manifiesto Dando un paso al frente en la coyuntura económica actual, nos damos a la tarea de presentar desde este documento en adelante los conceptos en los que se fundamenta nuestra vanguardia teórica, la cual, buscando otra vía de desarrollo social, expone los cambios necesarios en las reglas de juego que permitirían suprimir aquellos elementos que, habiendo sido puntos claves para los sistemas socio económicos hasta ahora consumados, se muestran como los causantes del enorme fracaso en razón de que le han permitido a la especie humana ejercer su recurrente canibalismo social. En otras palabras, hacemos un alzamiento en ideas para convocar opiniones que hagan nutrir, crecer y difundir la imperativa necesidad de fundar un nuevo orden social en el que el poder sea entregado totalmente a la sociedad civil y la existencia del dinero, en todas sus formas, resulte obsoleta y completamente innecesaria. Podría en principio objetarse nuestra calificación de enorme fracaso mostrando las estadísticas y los hechos de ciertas sociedades que al observarse bajo la magia de una buena postal ostentan desarrollo y civilización, pero el juicio que emitimos tiene su origen en el análisis de algunos de los puntos más absurdos de las estructuras de la actual realidad. Uno de ellos es que los sistemas económicos vigentes han asumido de manera dogmática que para emplear la fuerza laboral es necesaria la intervención del dinero. La capacidad de trabajo de los individuos es lo que ha creado verdaderamente todos los productos y servicios que usted puede ver y percibir sin importar el horizonte al que mire, y el dinero no es más que una herramienta de intercambio de cuantía artificial que no tiene ya respaldo en ningún material llamado precioso. El acceso a los productos y servicios que crea la fuerza de trabajo es precisamente el objetivo de los participantes de esa fuerza laboral, por lo que ella es en sí misma el motivo de su existencia. Pero al intercambiar trabajo realizado por dinero, se ha aceptado que éste sea el único movilizador de la fuerza laboral, el único otorgador de derechos de adquisición y por consiguiente el exclusivo y cuestionable agente repartidor de lo que ella produce. Se ha obligado a que el recurso laboral utilice un medio externo, escaso y no dominado por él para poder acceder a lo que él mismo produce. Este contrasentido, como muchos otros, no es fruto de errores, sino de intereses. Se le llama Economía a la ciencia que estudia los procesos de producción, distribución, comercialización y consumo de bienes y servicios, es decir, lo que los humanos hacemos para servicio de los humanos. No obstante, esta ciencia le ha dado toda la importancia a la forma y no al fondo. La prioridad, las teorías y las estadísticas las ha tenido la herramienta del cómo, el dinero, un papel que se imprime según una regla consecuente a lo que reglamenta, y se ha menospreciado al hacedor del qué, al humano, hasta el punto irónico de tomar decisiones que sacrifican su bienestar "por el bien de la economía", e incluso, hasta el extremo tendencioso de que el sistema económico asume su aspecto creador como un costo del proceso productivo; concepción diametralmente opuesta a lo que los individuos realmente somos: principio y fin de la economía. Este mañoso enroque de la apreciación del valor es la causa, como hecho social, de que la gran parte de la sociedad esté atascada circulo viciosamente ya sea entre la completa miseria o en la sola supervivencia, y es causa también, como hecho industrial, del enorme desperdicio de fuerza de trabajo que está condenando a la sociedad al atrasado y volátil modo de convivencia que por estos tiempos se acrecienta. Esto se refiere al hecho de que la sociedad, inmensamente necesitada de bienestar que construir, no utiliza el recurso laboral que deja desempleado; usa dispersa e ineficazmente la fuerza que se halla en el subempleo; gasta enormes energías en combatir a aquella otra que, buscando la subsistencia o el lujo, destruye el bien social con actos delictivos; educa fructíferamente a un minúsculo porcentaje de lo que es posible y tolera la gran cantidad de trabajo enfocado en labores redundantes o que dan prioridad a la creación de productos y servicios superfluos, que llegan a ser perniciosos e incluso dañinos para la misma sociedad. Creemos sólidamente que la superación de la eterna dependencia del dinero es un proceso ya posible de iniciar. Otro de los temas absurdos de nuestra realidad es la connivencia con la brecha que hay entre el planteamiento y el real desenvolvimiento del Estado. Nos han cacareado constantemente el término democracia, hasta el punto de desligarlo de su significado real, y no por desgaste semántico o depreciación de sus caracteres, sino por la consciente intención de hacer de él un distintivo y buen calificador del orden actual. Desde siempre, quienes ostentan el poder de informar han querido representar la realidad, pero por gracia de ella misma, la realidad es incólume a todo lo que de ella se diga y siempre estará ahí para que sea vista cuando se quiera ver. Democracia, palabra de origen griego (demos, 'pueblo' y kratein, 'gobernar') quiere decir que los ciudadanos son quienes ordenan. Y punto. Con el tiempo se le añadieron los otros valores, libertad, igualdad, estado de derecho, etc. que no están de más sino que en mucho la complementan, pero sigue significando lo mismo: la opinión de la mayoría es el camino a seguir. Pero existe una cantidad innumerable de casos en los que buena parte de los miembros de los distintos poderes del Estado, elegidos por y para representar a la sociedad, han actuado en contra de la opinión y del bien de ella, acompañándose para ello de incontables manipulaciones con el fin de hacer creer que sus actos, no siendo lo que debieran ser, al menos se pareciesen a eso que no quisieron hacer. Y de la palabrita mágica se han servido bastante. Desde lesiones a los derechos civiles, hasta invasiones y campañas militares han recibido la bendición del vocablo democracia, como si éste fuera un adjetivo hecho para usos ligeros con el que se pudiera benevolar, cual Rey Midas de la Lengua, todo acto que recibiera su bautizo bienhechor. No es chiste ni demagógico señalar que ya no estamos lejos de oír, si es que ya no ha sido así, frases como hambrunas demócratas o matanzas democráticas. En consecuencia, lo que venimos realizando los ciudadanos en estos engendros burocráticos apodados "democracias", es elegir a unos cuantos individuos para que acaben haciendo lo que a bien esté en sus modos de parecer, esto quiere decir que perdemos el control del juego una vez que lo iniciamos y que además quedamos como espectadores simples y sufridores plenos de las farsas, comedias y operetas de la gran carpa estatal, en donde los payasos nos maromean en aparente discusión de credo e ideología, pero donde detrás se ocultan los verdaderos tigres y leones con sólo hambre económica. Y un paréntesis: si se hiciera con los estándares democráticos vigentes una medición al sistema actual, se encontraría que sólo un aspecto de la sociedad goza de verdadera democracia: el dinero. Donde él se encuentra en mayoría es donde se puede hallar el cumplimiento de los derechos humanos, la completa alimentación, la excelente salud, la verdadera educación, el poder de decidir, la libertad de expresión y la capacidad de acción. ¿Casualidad? Por consiguiente, no pueden considerarse legítimas las decisiones tomadas de modo representativo, razón por la que trabajamos en la creación, en el desarrollo y en la divulgación de los métodos y las tecnologías que den soporte a unas reglas de juego que permitan un redireccionamiento y un viable mejoramiento continuo del transitar político y económico de la especie humana. Aclaramos que no estamos creyendo que un novedoso aparatejo electrónico vaya a traer la bondad y el amor a todos los hombres, con eso no contamos, sino que nos orientamos hacía la estructuración de un modelo de Estado en el que el discernimiento de los ciudadanos remplace los roles históricos del poder y el dinero; en el que la misión y la visión de todo el proceso industrial sigan un orden de prioridades sociales; en el que los miembros de los estamentos públicos elegidos popularmente sean únicamente líderes de opinión y jamás determinantes del destino de las sociedades; en el que ese poder de decidir yazca exclusivamente en el pleno de la sociedad, y que además pueda ser ejercido constante, fácil y directamente por todos los ciudadanos. Todo esto como la única manera de llegar a una legalización real y profunda de cada paso del Estado. Tantas estructuras absurdas de la sociedad arrojan una situación ventajosa sólo para una ínfima parte de la población global, y aunque de alguna manera se quiera ponderar la tendencia económica actual, los resultados revelan, desde una visión humanitaria y una que califique indicadores de gestión, un gran fiasco, un ‘enorme fracaso’. Pero curiosamente el fondo de la gran falla de los sistemas socio económicos no ha estado del todo en sus planteamientos en sí mismos, pues hay que aceptar que la humanidad sólo ha sucumbido al desastre y la barbarie por zonas y por épocas, sino que ha estado en el hecho de que han desconocido totalmente para quién estaban destinadas las reglas del juego: para una especie egoísta, petulante, temerosa y manipulable que aún especula con teorías y religiones sobre su origen y destino y que no tiene más objetivos en común que lo concerniente a su natural instinto de supervivencia. El asunto que nos atañe no es el desentuerto de las pasiones humanas -que ya dará el tiempo paso a la lucidez- sino las posibilidades de consumar nuevos estándares sociales que, a pesar de la especie misma, brinden bienestar y progreso al individuo y a la humanidad. ¿Y qué es una Sociedad de Opinión? Resumiremos en el siguiente párrafo todo el concepto que luego desmenuzaremos a lo largo de su existencia. Una Sociedad de Opinión es un modelo de civilización basado en un Estado Social de Derecho, en el que la opinión conjunta de la sociedad es la base tanto del manejo de los conceptos socialmente conflictivos como del hecho de que la compensación individual al trabajo de los ciudadanos sea dada exclusivamente por la participación de éstos en su sistema conceptual de valores. Es un tipo de sociedad en la que se logra que la opinión participativa asuma las funciones sociales que hasta ahora han tenido el poder y el dinero, mediante, primero, el abordaje del siguiente paso histórico del andar demócrata con el otorgamiento directo al pleno de la sociedad del poder decisional del Estado y, segundo, por medio de un modelo organizacional tecnológico que permita que el acceso a todo tipo de recursos por parte de cada ciudadano -al no existir ningún tipo de moneda- provenga de la calificación que se dé al resultante del trabajo hecho por el individuo, que al sumarse a factores como desempeño social, preparación intelectual y tiempo de servicio, lo posicionen evolutivamente en distintos escalafones que le den derecho a avanzar en la adquisición de los productos, servicios y estímulos que la sociedad ofrezca al nivel específico en que se encuentre cada ciudadano, y éstos, al obtener aquellos recursos deseados y merecidos, estén a su vez en la necesaria obligación de calificarlos. De esta manera, se conformaría un poder estatal y un sistema económico fundamentados en el valor de la opinión de cada individuo, cuya suma lleva a la opinión conjunta de la sociedad.
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